El 19 de septiembre se cumplen cinco años del inicio de la erupción de Tajogaite. Aquellas imágenes recorrieron el mundo: coladas avanzando entre viviendas, vecinos saliendo con lo imprescindible y una isla entera pendiente del volcán. El aniversario volverá a ocupar titulares, pero la memoria pública no debe limitarse al espectáculo que ofrecieron las cámaras. Para muchas personas de La Palma, la emergencia no terminó cuando dejó de salir lava.
Una casa no es solamente una construcción valorada en metros cuadrados. Contiene recuerdos, rutinas, vecinos y la seguridad de reconocer el camino de regreso. Perderla supone una ruptura difícil de explicar a quien no la ha vivido. También se perdieron fincas, negocios, carreteras y proyectos familiares. La reconstrucción, por tanto, no puede reducirse a levantar infraestructuras; debe ayudar a reconstruir vidas.
Cinco años son suficientes para evaluar avances, pero también para reconocer retrasos. Las personas afectadas tienen derecho a información clara sobre ayudas, planeamiento, compensaciones y plazos. Las administraciones deben coordinarse y evitar que cada trámite obligue a relatar de nuevo la misma pérdida. Cuando la burocracia se vuelve incomprensible, el ciudadano siente que tiene que demostrar una y otra vez un daño que todo el país vio en directo.
Hay además heridas que no aparecen en los mapas. La incertidumbre prolongada, el duelo y el desarraigo afectan a la salud mental. Algunas personas han rehecho su vida; otras continúan atrapadas entre expedientes y recuerdos. El apoyo psicológico debe mantenerse mientras sea necesario, sin fechas simbólicas de caducidad. Recuperarse no sigue el calendario de una institución.
La Palma también ha demostrado una capacidad extraordinaria de solidaridad y conocimiento. Científicos, servicios de emergencia, asociaciones y vecinos ofrecieron una lección de resistencia. Esa experiencia debe servir para mejorar la prevención, la comunicación del riesgo y la planificación territorial en todo el archipiélago. Recordar es aprender, no vivir permanentemente en el dolor.
La reconstrucción debe medirse también en confianza. Cada compromiso incumplido, cada plazo que se desplaza sin explicación y cada oficina que remite a otra desgastan la relación entre la ciudadanía y las instituciones. Informar de una dificultad no debilita a una administración. Lo que la debilita es ocultarla o responder con mensajes generales a preguntas concretas.
La recuperación económica continúa siendo esencial. Una finca cubierta por la lava no era solamente tierra; era una fuente de ingresos y, en muchos casos, un legado familiar. Los agricultores y pequeños empresarios necesitan soluciones que contemplen la pérdida prolongada de actividad. Las ayudas puntuales alivian, pero no sustituyen un proyecto económico que permita volver a vivir del trabajo.
El aniversario debe servir además para reconocer a quienes sostuvieron la emergencia: personal sanitario, científicos, policías, bomberos, militares, voluntarios, periodistas y vecinos. Muchos trabajaron durante semanas bajo una presión enorme. Ellos también pueden sufrir agotamiento y secuelas emocionales. Cuidar a quienes cuidan forma parte de cualquier respuesta seria ante una catástrofe.
La memoria de Tajogaite pertenece especialmente a quienes lo vivieron. Sería un error convertirla únicamente en atractivo turístico o recuerdo institucional. Los centros de interpretación, archivos y testimonios deben construirse con participación de los afectados. Contar lo ocurrido puede ayudar a sanar, siempre que no se comercialice el dolor ni se silencien las preguntas incómodas.
En este quinto aniversario conviene escuchar antes de celebrar. Reconstruir no significa pedir a los afectados que olviden ni utilizar su fortaleza como excusa para demorar respuestas. Significa cumplir compromisos, devolver estabilidad y respetar que cada persona avance a su ritmo. Tajogaite forma parte de la historia reciente de Canarias, pero quienes perdieron tanto no pueden convertirse en personajes secundarios de su propia historia.
Vidal Bolaños, escritor y comunicador
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