Vecinos aseguran que la actuación del DJ Airam Vega volvió a coincidir con altercados, intervención policial, consumo de alcohol y situaciones de riesgo en la playa, y reclama al Ayuntamiento y a la organización que replanteen este tipo de actividades para futuras ediciones.
La celebración de las fiestas de La Garita volvió a dejar este sábado una imagen que preocupa a algunos residentes del barrio. La velada musical programada con la actuación del DJ Airam Vega terminó, según denuncia una vecina que asegura haber presenciado los hechos en primera persona, con peleas, intervención policial y momentos de importante descontrol en los alrededores de la plaza y la playa.
Los denunciantes recalcan que su crítica no va dirigida contra el joven DJ, sino contra la decisión de mantener año tras año una actividad que, según sostiene, ya ha generado problemas en anteriores ediciones.
La intervención policial obligó a mantener durante un periodo prolongado cortada la calle situada junto a la plaza, dificultando incluso el paso de los propios residentes mientras los agentes actuaban en la zona.
Según el relato vecinal trasladado a Onda Guanche, durante la noche también podía verse a numerosos jóvenes en la playa, algunos supuestamente bajo los efectos del alcohol, con bolsas en las que había botellas y protagonizando gritos y comportamientos que generaron preocupación entre los vecinos.
Especial inquietud provoca que algunos jóvenes llegaran a bañarse de noche y con oleaje, una situación que, a juicio de los denunciantes, podría haber terminado en una desgracia ante la ausencia de medidas específicas de vigilancia en el agua.
«Me preocupa que en otra edición ocurra algo más grave que peleas, botellazos y baños en la playa con oleaje y de noche sin ningún tipo de seguridad», señalan.
Una vecina también llama la atención sobre el hecho de que varios establecimientos de la zona permanecieran cerrados durante la celebración, incluida una tienda próxima a la plaza. Según su versión, algunos comerciantes prefieren evitar abrir durante este tipo de eventos ante el temor a posibles daños, incidentes o robos como los que, asegura, se habrían producido en años anteriores.
La crítica se dirige especialmente hacia la planificación de las fiestas. La residente considera incomprensible que se insista en repetir un formato que, según afirma, viene generando incidencias de forma recurrente.
«No entiendo el afán de repetir lo que siempre trae problemas», sostiene, insistiendo en que su denuncia no supone estar en contra de organizar actividades dirigidas a los adolescentes.
Precisamente, reclama todo lo contrario: que los jóvenes dispongan de alternativas de ocio dentro de las fiestas, pero con una organización diferente, mayor prevención, control y seguridad.
La denunciante teme que solo se reconsidere este tipo de veladas cuando se produzca un incidente verdaderamente grave. «¿Esperan quitar esta actividad cuando suceda una desgracia irreparable?», se pregunta.
La imagen descrita por los residentes vuelve así a abrir el debate sobre el modelo de determinados actos multitudinarios incluidos dentro de las fiestas populares de La Garita y sobre la necesidad de compatibilizar el ocio juvenil con el descanso vecinal, la seguridad ciudadana y la prevención de riesgos en una zona situada a escasos metros del mar.
La propia vecina reconoce que algunos podrán calificar su denuncia de alarmista, pero insiste en que estuvo presente y pudo comprobar directamente lo sucedido: «La plaza se convirtió en un descontrol. Era algo que se veía venir porque es repetitivo y no tiene sentido seguir haciendo lo mismo».
Su petición para futuras ediciones es clara: actividades para todas las edades, también para los adolescentes, pero mejor diseñadas y con una planificación que evite que una noche de fiesta termine nuevamente entre peleas, botellas, presencia policial y situaciones potencialmente peligrosas junto al mar.
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Un comentario
Es una pena, la falta de control, todos los años pasan lo mismo, lo que nunca había pasado que la policía sacara a la gente de la plaza. No se oía sino gritos por todos lados, convirtiendo la calle, los edificios y garajes en un baños publicos. Los asistentes caminaban por las calles como si fueran peatonales, incluso hubo un altercado con una conductora. Se debería replantear cambiar las fiestas de ubicación.