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«CAROLINA DARIAS: SUELDO PÚBLICO, OBEDIENCIA SANCHISTA Y MUY POCO VALOR SOCIALISTA»

La alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria habla de diálogo, legalidad y humanismo, pero evita una palabra esencial ante la crisis de Ceuta: responsabilidad.

Hay políticos que, cuando su Gobierno se equivoca, levantan la voz. Y hay otros que bajan la cabeza, memorizan el argumentario y comparecen para repetirlo con gesto institucional. Carolina Darias ha elegido, una vez más, el segundo camino.

Ante la grave situación vivida en Ceuta, la alcaldesa grancanaria ha recurrido al catálogo completo de palabras bonitas: diálogo, entendimiento, acuerdo, colaboración, legalidad y humanismo. No faltó ninguna. Bueno, sí faltó una: responsabilidad.

Darias expresó su apoyo a la ciudad de Ceuta, a sus habitantes, al Gobierno de España y, de manera especial, a Ángel Víctor Torres como responsable del mando único. Todo en el mismo paquete, como si respaldar a los ciudadanos obligara también a conceder un cheque en blanco al Ejecutivo de Pedro Sánchez. Eso fue exactamente lo que declaró públicamente⁠.

Pero ¿en qué momento pidió explicaciones por lo sucedido? ¿Cuándo preguntó por qué se permitió que la situación alcanzara semejante gravedad? ¿Dónde estaba su exigencia política mientras los ceutíes denunciaban abandono, inseguridad e incertidumbre?

En ninguna parte.

El mando único que llegó casi un mes después

Carolina Darias elogia el nombramiento de Ángel Víctor Torres como si la creación del mando único fuera una proeza política. Conviene recordar que el Gobierno aceptó establecerlo casi un mes después del estallido de la crisis, tras haber sostenido anteriormente que no era necesario. No lo dice este articulista: así fue recogido al anunciarse el cambio de estrategia del Ejecutivo. El mando único llegó tarde y después de que Ceuta se declarara desbordada⁠.

Un nombramiento no es un resultado. Una fotografía ministerial no resuelve una crisis. Y llamar “coordinación” a lo que llega cuando el problema ya ha explotado es uno de esos milagros lingüísticos que solamente consigue la propaganda política.

Un mando único debe mandar desde Ceuta, no desde Madrid

Además, si Ángel Víctor Torres ha sido designado mando único para gestionar la crisis, su centro operativo debería encontrarse permanentemente en Ceuta. No basta con realizar visitas puntuales, celebrar reuniones, hacerse la fotografía correspondiente y regresar después a la comodidad del despacho madrileño.

Un mando único debe conocer la situación sobre el terreno, escuchar diariamente a los vecinos, trabajar junto al Gobierno ceutí y comprobar personalmente las consecuencias de cada decisión. Porque desde Madrid la crisis puede aparecer resumida en informes, cifras y videoconferencias; en Ceuta, en cambio, la sufren personas de carne y hueso.

Los ciudadanos ceutíes no pueden tomar un avión y alejarse del problema cuando termina una reunión. Ellos continúan allí, soportando la inseguridad, la incertidumbre y las consecuencias económicas y sociales. Por eso, mientras dure esta situación excepcional, Ángel Víctor Torres debería instalarse en Ceuta y ejercer desde allí su responsabilidad.

De lo contrario, corremos el riesgo de tener un mando único situado a cientos de kilómetros del lugar donde debe mandar: muy coordinado desde Madrid, muy respaldado por Carolina Darias y demasiado alejado de quienes padecen realmente la crisis.

La alcaldesa también rechaza que la Federación Española de Municipios y Provincias se convierta en un espacio de “confrontación partidista”. La traducción parece sencilla: cuando otros alcaldes cuestionan al Gobierno, eso es confrontación; cuando una dirigente socialista aplaude a Pedro Sánchez, entonces se llama lealtad institucional.

La FEMP no puede convertirse en una sucursal silenciosa de La Moncloa. Debe servir para defender a los municipios, incluso cuando hacerlo moleste al Gobierno de turno. Pedir explicaciones no es crispación. Fiscalizar no es atacar. Y exigir responsabilidades ante una crisis nacional no es partidismo: es democracia.

No la paga Sánchez: la pagan los ciudadanos

Conviene ser rigurosos. No existe fundamento para afirmar que Pedro Sánchez pague personalmente a Carolina Darias. Su sueldo institucional lo abonan los ciudadanos, y precisamente por eso su primera lealtad debería ser hacia ellos, no hacia el secretario general del PSOE ni hacia el argumentario de La Moncloa.

Sin embargo, sus declaraciones suenan menos a las palabras de una alcaldesa con criterio propio que a las de una delegada política enviada para proteger al Gobierno.

Eso es lo verdaderamente grave.

Una socialista valiente habría reconocido que el Gobierno reaccionó tarde. Habría reclamado transparencia, explicaciones y responsabilidades. Habría defendido a Ceuta sin necesidad de colocar inmediatamente un escudo protector alrededor de Pedro Sánchez y Ángel Víctor Torres.

Una socialista valiente no confunde la lealtad con el silencio.

Una socialista valiente no teme incomodar a su propio partido cuando los ciudadanos están padeciendo las consecuencias.

Una sanchista, en cambio, no analiza: repite. No exige: justifica. No levanta la voz hacia arriba: pronuncia palabras tranquilizadoras hacia abajo.

El dinero no borra las responsabilidades

El Gobierno ha aprobado ahora un plan de choque de 309 millones de euros para Ceuta. Toda medida útil debe ser reconocida y evaluada con seriedad. Pero la llegada del dinero no borra los errores anteriores, no responde por sí sola a todas las preguntas y no convierte la gestión gubernamental en intocable. El propio plan pretende responder a la sensación de abandono denunciada desde Ceuta⁠.

Ceuta necesita recursos, seguridad, humanidad, legalidad y coordinación. Pero también necesita verdad. Y España necesita representantes públicos capaces de defender esa verdad aunque perjudique momentáneamente a su partido.

Carolina Darias tuvo la oportunidad de comportarse como una dirigente socialista con voz propia. Prefirió actuar como altavoz del sanchismo.

Y los altavoces, por muy bien pagados que estén con dinero público, no gobiernan, no fiscalizan y no explican nada.

Solamente repiten el argumentario recibido.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

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