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«EN TELDE, EL CUTRERÍO HA SUSTITUIDO AL RIGOR INSTITUCIONAL»

Telde no puede acostumbrarse a que lo vulgar, lo estridente o lo improvisado se presenten como cercanía. Ser cercano no significa renunciar al rigor institucional, ni convertir cada acto en un escenario de ocurrencias, protagonismos políticos o situaciones que terminan provocando vergüenza ajena.

La imagen institucional de Telde atraviesa un preocupante proceso de deterioro en Telde. El alcalde, Juan Antonio Peña, parece haber olvidado que, cuando participa en un acto público, no lo hace únicamente a título personal ni como representante de su formación política, sino como máximo representante de una ciudad de más de cien mil habitantes.

La reciente presentación del programa de las fiestas de Melenara constituye un ejemplo evidente de esta deriva. Un acto que debería haberse organizado con dignidad, planificación y respeto hacia uno de los barrios costeros más emblemáticos del municipio terminó celebrándose de manera improvisada en el paseo, con simples sillas de cafetería y una puesta en escena impropia de una presentación institucional.

No se trata de exigir grandes montajes ni gastos innecesarios. Se trata de cuidar los detalles, respetar a los vecinos y ofrecer una imagen mínimamente acorde con la importancia del acto. La sencillez puede ser digna y cercana, pero la improvisación, la dejadez y la falta de criterio no deberían confundirse con austeridad.

La escena refleja cómo se han ido rebajando progresivamente las formas y las costumbres institucionales en Telde. Lo que antes habría requerido organización, protocolo y una presentación cuidada se resuelve ahora de cualquier manera, como si representar a la cuarta ciudad de Canarias fuera una cuestión secundaria.

A esta pobre puesta en escena se suma lo vivido durante el pregón de las fiestas, donde la improvisación y determinadas situaciones difíciles de comprender volvieron a desplazar el protagonismo que correspondía a Melenara y a sus vecinos.

El alcalde puede acudir a celebraciones, encuentros vecinales y actividades festivas, pero debe recordar que la Alcaldía no se deja en la puerta. Su presencia representa al Ayuntamiento y, por extensión, al conjunto de la ciudadanía. Por ello, tiene la obligación de cuidar las formas, preservar la dignidad del cargo y evitar participar en actos que rebajen la imagen pública del municipio.

Telde no puede acostumbrarse a que lo vulgar, lo estridente o lo improvisado se presenten como cercanía. Ser cercano no significa renunciar al rigor institucional, ni convertir cada acto en un escenario de ocurrencias, protagonismos políticos o situaciones que terminan provocando vergüenza ajena.

La cuestión no es menor. La imagen que proyectan el alcalde y los integrantes del Gobierno municipal repercute directamente en la consideración que merece la ciudad dentro y fuera de Gran Canaria. Cuando quienes representan a Telde pierden las formas, no solo deterioran su propia imagen: arrastran también el prestigio de una institución que pertenece a toda la ciudadanía.

Telde necesita un alcalde consciente de la responsabilidad histórica, política e institucional que implica ocupar el cargo. Un representante público capaz de distinguir entre la cercanía y el populismo, entre la sencillez y la dejadez, y entre acompañar a los vecinos y prestarse a escenas que degradan la función institucional.

La Alcaldía de Telde exige respeto, templanza y sentido de la responsabilidad. Melenara y el conjunto del municipio merecen algo más que sillas de cafetería, improvisación y propaganda. Merecen que sus representantes estén a la altura de la ciudad que dicen representar.

Maribel Castro, directora de Canarias Informativa

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