En Telde existe una concejalía invisible que funciona mejor que muchas de las oficiales: la Concejalía de «A quien corresponda». Cada vez que aparece un problema sin resolver, basta con enviarlo allí. No tiene responsable, presupuesto ni teléfono, pero posee una extraordinaria capacidad para custodiar durante años todos aquellos asuntos que el Gobierno municipal prefiere no terminar.
La estación de guaguas de Narea es una de sus dependencias más importantes.
Un vídeo publicado por el creador Special Six ha vuelto a enseñar lo que buena parte de Telde conoce desde hace tiempo: una antigua estación convertida en cementerio de vehículos municipales, con coches de la Policía Local, camiones y unidades de otros servicios públicos acumulando óxido, suciedad y años.
La novedad no son los coches. La novedad es que alguien los ha enseñado a miles de personas.
El influencer ha conseguido en poco más de un minuto lo que el Ayuntamiento no ha logrado en seis años: que todo el mundo vuelva a mirar hacia Narea. No sabemos si entró con autorización, acompañado por alguien o aprovechando que la vigilancia del recinto parece mantener el mismo ritmo que el expediente administrativo. Eso tendrán que aclararlo quienes custodian las instalaciones, si finalmente aparece alguien dispuesto a reconocer que las custodia.
Porque esa es otra de las grandes incógnitas: ¿de quién es realmente la estación?
En 2017, desde el propio Ayuntamiento se admitía que no existía constancia clara de que el inmueble fuese municipal. Ahora, el alcalde, Juan Antonio Peña, lo presenta como un edificio del Ayuntamiento y anuncia allí un centro de atención para personas sin hogar. Sin embargo, otras informaciones atribuyen la instalación al Cabildo de Gran Canaria.
Estamos, por tanto, ante la primera estación de guaguas cuántica de Canarias: es municipal cuando se anuncia un proyecto, insular cuando hay que preguntar por las responsabilidades y de nadie cuando toca mantenerla, vigilarla o retirar la chatarra.
Mientras se resuelve semejante misterio patrimonial, los vehículos sí tienen dueño conocido. Son municipales. Y el propio Gobierno de Telde lo reconoció oficialmente el pasado 20 de enero.
Aquel día, el Ayuntamiento anunció que «avanzaba con paso firme» en la retirada de más de una veintena de vehículos acumulados en Narea. El expediente se había iniciado en 2020, pero permaneció paralizado durante años. Cuando el actual Gobierno decidió recuperarlo, descubrió algo sorprendente: las tasaciones estaban anticuadas.
Habían dejado pasar tanto tiempo que hasta el valor de la chatarra había caducado.
La documentación pasó por Patrimonio Municipal, dirigida por Juan Francisco Jiménez; Parque Móvil, responsabilidad de Miguel Rodríguez Marchena, debía actualizar la valoración; y Contratación, bajo la dirección política de María Calderín, tenía que preparar la subasta o el procedimiento correspondiente.
Es decir, el expediente no está huérfano. Tiene una familia numerosa.
Patrimonio, Parque Móvil, Contratación y, por encima de todos, la Alcaldía conocen perfectamente el problema. No se trata de encontrar ahora un cabeza de turco, sino de preguntar qué ha hecho cada uno desde enero y por qué, siete meses después, los vehículos continúan formando parte del paisaje de Narea.
La nota municipal aseguraba que el procedimiento avanzaba «con paso firme hacia su resolución definitiva». En Telde, el paso firme debe de ser el de una tortuga cargada con tres informes técnicos, dos decretos y una valoración económica caducada.
Pero mientras el expediente caminaba lentamente por los despachos, los coches avanzaron bastante más deprisa hacia el fuego. Dos vehículos municipales ardieron el 18 de enero y otros dos volvieron a quemarse durante la madrugada del 29 de abril. Cuatro coches afectados en apenas tres meses.
Ni siquiera los incendios consiguieron imprimir velocidad al procedimiento.
Después de aquello cabía esperar la retirada inmediata de las unidades, el cierre efectivo del recinto, vigilancia y una explicación pública. Pero lo que llegó fue otro anuncio: la antigua estación sería transformada en un centro de día para personas sin hogar.
La iniciativa social puede ser necesaria y positiva. Lo difícil de entender es que el alcalde anunciara a finales de julio que esperaba disponer de la sede en «una semana o quince días» cuando el lugar seguía rodeado de vehículos abandonados, restos quemados y dudas sobre su titularidad.
Antes de abrir la puerta de un nuevo servicio, quizá convendría saber quién tiene la llave.
El Gobierno municipal también ha anunciado este año el mayor plan de la historia de Telde para retirar cerca de mil vehículos abandonados de las calles. Resulta difícil encontrar una metáfora mejor: el Ayuntamiento promete limpiar los coches que dejan los ciudadanos mientras mantiene su propio desguace institucional en una de las principales entradas del casco urbano.
Consejos vendo, vehículos municipales no retiro.
Ahora corresponde al alcalde, Juan Antonio Peña, dejar a un lado las declaraciones grandilocuentes y ofrecer datos concretos. ¿Cuál es el número del expediente iniciado en 2020? ¿Está terminada la nueva valoración? ¿Se ha publicado la subasta? ¿Cuántos vehículos había inicialmente y cuántos permanecen allí? ¿Quién tiene la custodia y las llaves? ¿Existe vigilancia? ¿Se autorizó la grabación? ¿A quién pertenece registralmente la estación? ¿Y qué ocurrió con el centro para personas sin hogar que debía comenzar a instalarse en cuestión de días?
Narea no necesita otra visita institucional, otra fotografía ni una nueva nota de prensa anunciando que el asunto «avanza». Necesita que alguien termine lo que empezó.
El influencer no ha creado el problema. Solo ha levantado la tapa.
Debajo aparecen más de veinte vehículos, cuatro coches incendiados, seis años de retraso, una estación sin dueño claro y un Gobierno municipal que, una vez más, parece tener perfectamente localizada la responsabilidad: siempre está en el despacho de al lado.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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