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«ÁNGEL VÍCTOR TORRES ANTE EL RIESGO DE UN SEGUNDO ARGUINEGUÍN»

Pedro Sánchez ha elegido a Ángel Víctor Torres para coordinar a los ministerios implicados en la crisis migratoria de Ceuta. La Moncloa presenta el nombramiento como una apuesta por la experiencia: fue presidente de Canarias durante la reactivación de la ruta atlántica y ha participado en la reforma del reparto de menores migrantes.

Experiencia tiene. Otra cosa son los resultados.

Su gestión en Canarias no fue precisamente un ejemplo de anticipación y planificación. Durante su mandato, las islas sufrieron una llegada extraordinaria de migrantes, miles de menores quedaron bajo tutela autonómica y el muelle de Arguineguín terminó convertido en símbolo internacional del hacinamiento, la improvisación y la descoordinación institucional.

Torres no era responsable del control de las fronteras ni podía ordenar por sí mismo los traslados a la Península. Esas competencias correspondían al Estado. Pero era el presidente de Canarias y tampoco consiguió que el Gobierno de Pedro Sánchez reaccionara a tiempo y con la contundencia necesaria. La ayuda llegó, pero casi siempre después del desbordamiento.

Su designación para Ceuta representa, por tanto, una apuesta arriesgada. Conoce el problema, pero sus antecedentes no garantizan el éxito.

Además, su cercanía política a Sánchez y su posición conciliadora con Marruecos plantean una duda razonable: ¿ha sido elegido para dirigir realmente la crisis o para proteger políticamente a Moncloa y evitar cualquier enfrentamiento con Rabat?

Torres ha defendido siempre la necesidad de mantener buenas relaciones con Marruecos. Esa cooperación es necesaria, pero no puede convertirse en sumisión ni en silencio. Todavía deben aclararse muchas cosas sobre cómo decenas de miles de personas pudieron aproximarse y atravesar una frontera sometida habitualmente a una fuerte vigilancia.

En Ceuta, la inmigración ya no es solamente una cuestión humanitaria. También afecta a la seguridad nacional, la soberanía española y la dependencia de un país que no reconoce a Ceuta como territorio español.

Marruecos controla buena parte de la llave de la frontera y Torres recibe ahora el encargo de coordinar la cerradura. Su éxito dependerá de que Rabat coopere con hechos y no solamente con comunicados diplomáticos.

Si consigue ordenar a los ministerios, aliviar Ceuta y exigir compromisos verificables a Marruecos, podrá demostrar que aprendió de la experiencia canaria. Pero si vuelve a imponerse la improvisación y la prudencia política ante Rabat, Ceuta corre el riesgo de convertirse en su segundo Arguineguín.

Juan Santana, periodista y locutor de radio

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