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«PEDRO MUEVE EL MUNDO… Y HASTA LAS PLACAS TECTÓNICAS»

España ha entrado definitivamente en una nueva era geológica: el Sanchoceno. Un periodo de la historia de la Tierra en el que ya no son las fuerzas internas del planeta las que mueven las placas tectónicas, sino Pedro Sánchez desde La Moncloa, con una mano en el Boletín Oficial del Estado y la otra sujetando el globo terráqueo para que no se le escape.

Porque Pedro ya no gobierna solamente España. Eso se le ha quedado pequeño. Ahora mueve Europa, recoloca continentes, endereza la torre de Pisa, vigila que el Big Ben dé la hora correcta y decide hacia dónde deben navegar los océanos. Si mañana Canarias aparece dos kilómetros más cerca de la Península, no será por la deriva continental: será porque Sánchez ha considerado que así se mejora la cohesión territorial.

Los científicos llevan décadas estudiando el movimiento de las placas tectónicas mediante satélites, estaciones sísmicas y complejos modelos geológicos. Una pérdida de tiempo. Bastaba con convocar una rueda de prensa en La Moncloa y preguntar al presidente. Él sabe perfectamente qué placa se mueve, cuál se queda quieta y cuál necesita el apoyo parlamentario de siete diputados para continuar flotando.

El gran problema es que, cuando Pedro mueve el mundo, nunca se sabe dónde terminará cada cosa. Puede colocar Francia junto a Marruecos, trasladar Cataluña al Pacífico o mandar a la oposición directamente al centro de la Tierra. Todo dependerá de las necesidades de la legislatura y de lo que exijan sus socios antes de la próxima votación.

La imagen es perfectamente simbólica: Sánchez aparece sujetando dos enormes bloques de roca, como quien sostiene España entre las manos y dice: «Tranquilos, que esto lo arreglo yo». Detrás, el planeta se inclina, los monumentos se desplazan y la corteza terrestre comienza a resquebrajarse. Nada especialmente grave. El Gobierno explicará después que se trata de una transformación histórica, sostenible, feminista y financiada con fondos europeos.

Si se produce un terremoto, no será un terremoto. Será un «proceso temporal de reordenación geológica». Si se abre una grieta, se llamará «corredor estratégico de conexión con el subsuelo». Y si el país termina partido en dos, algún ministro comparecerá para anunciar que España nunca había estado tan unida.

Por supuesto, la oposición protestará. El PP pedirá explicaciones cuando regrese de vacaciones, Vox denunciará una conspiración del magma comunista y los socios del Gobierno exigirán que cada comunidad autónoma disponga de su propia placa tectónica, preferentemente con financiación singular y competencias exclusivas sobre volcanes, terremotos y tsunamis.

Mientras tanto, Pedro seguirá allí, firme, elegante y mirando al horizonte con expresión de estadista interplanetario. Porque gobernar España ya no basta. Hay que gobernar también la gravedad, la rotación terrestre y, si queda tiempo después del Consejo de Ministros, ajustar un poco la órbita de la Luna.

Lo inquietante no es que Pedro Sánchez quiera mover el mundo. Lo inquietante es que, viendo cómo está todo, quizá ya haya empezado.

Y si un día notan que el suelo tiembla bajo sus pies, no se asusten. Puede que no sea un seísmo.

Puede que sea simplemente Pedro negociando otros cuatro votos mientras grita, desde La Moncloa y con la mirada puesta en el infinito:

«¡Hasta 2027… y más allá!»

Juan Santana, periodista y locutor de radio

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