La ciudad espera que regrese la luz mientras el Gobierno municipal contempla su propia sombra y anuncia que «Tú me importas». En muchos lugares, un eclipse dura apenas unos minutos. La Luna pasa, el Sol vuelve a aparecer y todo recupera la normalidad. En Telde somos distintos: aquí llevamos camino de cuatro años padeciendo un eclipse político que parece haberse instalado definitivamente sobre las Casas Consistoriales.
Los científicos recomiendan no observar un eclipse directamente sin gafas protectoras. En el caso de la política teldense, también conviene tomar precauciones: mirar fijamente determinadas promesas electorales puede provocar daños irreversibles en la memoria, ataques repentinos de indignación y una peligrosa pérdida de confianza en las instituciones.
El fenómeno comenzó en 2023. Los nuevos gobernantes llegaron anunciando luz, gestión, transformación y soluciones. Sin embargo, después de varios años, seguimos buscando la linterna.
El Mercado Municipal continúa esperando su particular amanecer. El polideportivo Paco Artiles permanece cerrado, aunque quizás dentro del Gobierno local hayan decidido convertirlo en el primer museo canario dedicado a las instalaciones deportivas que existieron alguna vez.
Los aparcamientos terminados continúan cerrados, una brillante estrategia para conservarlos nuevos. Si nadie aparca, no se desgastan. Dentro de cincuenta años podrán enseñárselos a los turistas como ejemplo del excelente estado de conservación del patrimonio municipal.
También tenemos semáforos que llevan tanto tiempo sin funcionar que ya forman parte del mobiliario decorativo. No regulan el tráfico, pero aportan color. Unos adornan de rojo, otros de ámbar y algunos, cuando se alinean los planetas, hasta se ponen en verde.
Mientras tanto, aparecen agujeros en las calles, se acumulan problemas en los barrios y los vecinos tienen que insistir una y otra vez para que alguien mire hacia abajo. Porque nuestros dirigentes observan mucho el horizonte electoral, pero parecen tener dificultades para ver lo que sucede a pocos metros de sus zapatos.
El último ejemplo es el agujero de la calle Barcelona, que crece mientras el Ayuntamiento estudia, analiza, valora y seguramente medita sobre el sentido de la vida. Los vecinos esperan una solución antes de que el socavón solicite código postal, presidente de comunidad y representación propia en el próximo pleno.
En Telde no faltan informes, anuncios ni fotografías. Lo que escasea es esa antigua costumbre administrativa llamada resolver. Cada problema inicia un viaje extraordinario: primero se comunica, después se deriva, luego se estudia, más tarde se solicita un informe y, finalmente, queda esperando en algún despacho hasta que cambie la alineación de los astros.
Eso sí, cuando se aproxima una cita electoral, la oscuridad desaparece misteriosamente. Se encienden las redes sociales, aparecen los vídeos, se multiplican las visitas a los barrios y los políticos descubren que existen vecinos. Es el milagro de la precampaña: quienes permanecieron años en penumbra comienzan de repente a irradiar una luz comparable a la de un estadio de fútbol.
El alcalde ha estrenado el lema «Tú me importas». Una frase preciosa, emotiva y casi celestial. El problema es que muchos ciudadanos, después de contemplar el estado de las calles, las instalaciones cerradas y las promesas pendientes, podrían responder: «Pues menos mal que te importamos, porque si llegamos a darte igual…».
Durante este eclipse político, el Gobierno municipal parece fascinado observando su propia sombra. Sus responsables hablan de futuro, proyectos y transformación mientras numerosos problemas del presente continúan exactamente donde estaban. Algunos incluso han crecido, probablemente porque también querían salir en la fotografía.
No todo está oscuro, por supuesto. Siempre queda alguna luz encendida: la del despacho de comunicación, la del teléfono móvil con el que se graban los vídeos y la del flash utilizado para inmortalizar cada anuncio. En Telde quizás no se inauguren demasiadas soluciones, pero las intenciones salen estupendamente iluminadas.
Los teldenses no piden milagros astronómicos. Reclaman calles seguras, instalaciones abiertas, servicios que funcionen, limpieza, mantenimiento y una Administración capaz de responder antes de que una pequeña avería termine convertida en patrimonio geológico municipal.
Dicen los expertos que todos los eclipses tienen un principio y un final. El político de Telde también terminará. La duda es si lo hará porque el Gobierno municipal comenzará finalmente a gestionar o porque los ciudadanos decidirán apagarle la luz en las urnas.
Hasta entonces, conviene llevar una linterna, mirar bien dónde se pisa y conservar las gafas protectoras. En Telde todavía queda eclipse para rato y algunas promesas electorales, observadas directamente, pueden deslumbrar más que el propio Sol.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
Artículos Relacionados
- Telde y el postureo político
El postureo ha sido la forma de hacer política del gobierno de la foto de…
- DESAPARECIDO UN HOMBRE DE 39 AÑOS EN TELDE
Los equipos de emergencia buscan a un hombre 39 años de edad que desapareció ayer, viernes 16…
- Desaparecido un hombre de 34 años en Telde
La Asociación Española de Difusión y Alertas de Personas Desaparecidas ha activado un aviso de…

