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EL AGUJERO DESAPARECIÓ, PERO AHORA LA CALLE BARCELONA TIENE BANDA SONORA: ¿Y EL ASFALTO PA’ CUÁNDO?

El Ayuntamiento repara el colector roto y deja sobre la calzada unas planchas de hierro que convierten cada coche en un concierto nocturno. Después de semanas de preocupación vecinal, publicaciones en Onda Guanche y una nota de prensa municipal que llegó antes que la propia obra, el Ayuntamiento de Telde decidió finalmente actuar en la calle Barcelona, en Jinámar. Y cuando actuó, lo hizo a lo grande: aparecieron un camión, un tractor y unos ocho operarios. Solo faltaban la banda municipal y el corte de cinta.

La operación comenzó con cierta improvisación. Los trabajadores tuvieron que localizar a los propietarios de los vehículos estacionados y avisarles de que debían retirarlos. Al parecer, comunicar con antelación una obra de estas características también forma parte de esa misteriosa lista de asuntos pendientes que algún día podrían terminarse en Telde.

Sobre las nueve de la mañana, el tractor comenzó a excavar. La fosa estaba húmeda y pronto quedó al descubierto la causa del hundimiento: la rotura de un colector. Ya no eran suposiciones, expedientes invisibles ni visitas de técnicos armados con una tableta y una linterna sin pilas. Había un colector roto bajo la carretera y estaba provocando el deterioro del terreno.

El colector fue reparado, la fosa se rellenó primero con arena y posteriormente con hormigón. A las 14.30 horas, el problema principal estaba resuelto. En apenas unas horas se solucionó lo que durante semanas había mantenido preocupados a los vecinos. Una rapidez admirable que invita a preguntarse por qué hubo que esperar tanto para empezar.

Pero estamos en Telde y aquí una obra completamente terminada podría alterar el equilibrio natural del municipio. Por eso, cuando parecía que todo iba a concluir correctamente, llegó el tradicional toque municipal: dejarla a medias.

Sobre el hormigón colocaron unas enormes planchas de hierro a la espera de que llegue el asfalto. ¿Cuándo llegará? Esa información permanece guardada en el mismo lugar que las fechas de finalización de tantas otras obras municipales: un calendario secreto que todavía no conoce ningún vecino.

El agujero ya no existe, afortunadamente, pero ahora la calle Barcelona dispone de banda sonora propia. Cada vez que un vehículo pasa sobre las planchas se escucha el correspondiente golpe metálico. Clon, clon. De día puede servir para contar el tráfico; de noche, para impedir que los vecinos pierdan la mala costumbre de dormir.

El Ayuntamiento ha sustituido así un problema por otro. Antes, los residentes temían que un coche, una motocicleta o una persona acabaran dentro del socavón. Ahora pueden descansar tranquilos porque nadie caerá en el agujero; sencillamente, no podrán descansar.

La intervención ha seguido el conocido método administrativo teldense: se abre, se repara, se rellena y, justo antes de terminar, se abandona el escenario para mantener viva la emoción. Porque asfaltar inmediatamente habría sido demasiado sencillo y habría privado a los vecinos de esa entrañable incertidumbre sobre cuándo regresarán los operarios.

Lo importante es que el colector está reparado y el peligro del hundimiento parece eliminado. Pero la obra no está acabada mientras permanezcan las planchas de hierro sobre la calzada, generando ruido con cada vehículo y causando nuevas molestias a quienes viven en la zona.

Ahora solo falta el último detalle, ese pequeño capricho vecinal llamado asfalto. No piden una autopista, un túnel ni una obra faraónica. Únicamente reclaman que se termine correctamente lo que ya se ha empezado.

Porque el agujero se solucionó en unas horas, pero la pregunta continúa abierta y amenaza con durar bastante más:

¿Y el asfalto para terminar la obra, pa’ cuándo?

Juan Santana, periodista y locutor de radio

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