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MELENARA REVOLUCIONA SU SEGURIDAD ACUÁTICA CON UNA TABLA ELÉCTRICA QUE SALVA VIDAS EN 15 SEGUNDOS

El socorrista José Luis Esmorís diseña una tabla de rescate eléctrica que reduce el tiempo de intervención a solo 15 segundos desde la orilla hasta las boyas.

A partir de hoy los bañistas de Melenara estarán más protegidos gracias a la ingeniosidad de José Luis Esmorís, quien ha diseñado un artilugio que promete mejorar la seguridad en el litoral de Telde. Este socorrista profesional, además de presidente de la Asociación de Empresas de Salvamento y Socorrismo de Canarias, ha creado un artilugio a caballo entre una tabla de surf y una moto acuática. Su nombre técnico es «tabla de rescate de intervención rápida eléctrica» y con ella se tardan apenas 15 segundos en llegar desde la orilla hasta las boyas para salvar la vida de una persona. Ya están en camino dos unidades más como esta con destino a la Península, pero también se prevé que lleguen varias a las Islas.

Su mayor ventaja es que permite reducir el tiempo de rescate de la víctima frente a otros vehículos como las motos de agua. Cuando el socorrista detecta a una persona en apuros cerca de las boyas, arrastra la tabla hacia el agua, se monta sobre ella y, con tan solo presionar un sencillo mando que recuerda al de un Scalextric, en cuestión de segundos llega hasta la víctima y la pone a salvo.

Una moto acuática, en cambio, alcanza más velocidad y permite cargar hasta cuatro personas, pero al pesar 350 kilos necesita del esfuerzo de varias personas solo para meterla en el agua. Ese tiempo que se invierte en el proceso previo podría resultar crucial a la hora de salvar una vida. Por ello, con este nuevo aparato la actuación de asistencia queda resuelta de inmediato, aunque después se necesiten otros elementos para trasladar a la víctima hasta la orilla. Ya se han realizado varios simulacros y el equipo de socorristas ha comprobado que el artilugio permite arrastrar hasta cuatro personas, e incluso piraguas, aunque en muchos casos su máximo rendimiento también depende de la maña del socorrista, aclara Esmorís.

El hecho de que funcione únicamente al presionar el mando, y no por combustión, resulta clave no solo para disminuir los vertidos al mar, sino también para otorgar a la lancha un mayor tiempo de autonomía. El dispositivo alcanza hasta los 30 kilómetros por hora y su batería es completamente independiente, lo que le permite funcionar durante aproximadamente 90 minutos seguidos. Esmorís tiene claro que, además de su agilidad, otro de sus grandes beneficios es que requiere «cero mantenimiento». A esto se suma que su batería no se estropea al entrar en contacto con el agua, e incluso se puede reponer por otra en altamar, sin necesidad de regresar a tierra.

Seguridad para socorristas y bañistas

Con esta tabla de rescate, los socorristas pueden llegar al punto de emergencia con la máxima energía y fuerza para asistir a la persona, ya que no han tenido que remar ni hacer esfuerzo físico previo. Pero su propia seguridad también está garantizada: el mando incorpora una correa enganchada a la muñeca del socorrista, de manera que si este cae al agua, la lancha no puede alejarse de él. A esto se suma que la longitud de dicha correa responde a la necesidad de poder conducir la lancha desde el propio agua, para así remolcar a la víctima agotada sobre esta. Además, si uno de los tubos de la lancha se pincha, no hay motivo para el pánico, ya que son completamente independientes entre sí, por lo que el resto seguirán intactos y la embarcación mantendrá su flotabilidad.

Gracias al invento los socorristas asisten a la víctima con la máxima energía y fuerza, ya que no han tenido que remar ni hacer esfuerzo físico previo.

Esta herramienta destaca también por su fácil maniobrabilidad. A diferencia de otras embarcaciones de rescate, para conducirla el socorrista no necesita poseer el título de Patrón de Embarcaciones de Recreo, un requisito que en la práctica reduce aún más el tiempo de salvamento, ya que no es necesario que esté presente el socorrista cualificado para conducirla.

José Luis llegó a este diseño tras probar distintas variantes a lo largo de los años. En su día trajo un modelo americano que no tenía flotador, sino que estaba fabricado con plástico, como una piragua con motor. Pero dio muchos problemas de uso. Más tarde adaptó unas tablas de surf que estaban en desuso, pero tampoco terminaban de cuajar. Como estos, hubo cerca de cuatro intentos que no lograban compatibilizar la electricidad y el agua, hasta llegar finalmente a la tabla de rescate de intervención rápida eléctrica actual.

Una alternativa más económica

Esmorís explica además que lo que buscaban en todo momento era un equilibrio entre el precio y la calidad. Y es que, mientras una moto de agua cuesta 25.000 euros, su tabla no llega a los 7.000, lo que supone un ahorro cercano al 72%. «Para un servicio de salvamento puedes apostar por tener este aparato en muchos más sitios y luego contar con una moto o una embarcación de refuerzo», añade el socorrista, que ve en este desarrollo una alternativa mucho más accesible para dotar de más medios a las playas.

Para José Luis Esmorís la Ley de Seguridad Acuática actual ha quedado obsoleta; «una titulación que vale en una comunidad autónoma, en otra comunidad no vale»

Para José Luis Esmorís esta noticia es un alivio ante la difícil situación que atraviesa su sector profesional. Argumenta que la Ley de Seguridad Acuática actual ha quedado obsoleta, puesto que «una titulación que vale en una comunidad autónoma, en otra comunidad no vale». Como consecuencia, desde el sector piden que se cree un carné nacional con el que todos los socorristas cuenten con el mismo requerimiento para su contratación, sea cual sea la comunidad en la que trabajen. Por ello, ya han comenzado una campaña de recogida de firmas bajo el eslogan «Por una Ley de Seguridad Acuática en España, ¡YA!», con la que esperan que las instituciones nacionales les abran la puerta para escuchar sus demandas. De momento, solo el Ministerio de Sanidad les ha invitado a reunirse una vez finalizada la temporada de verano.

Toda esta situación se ve además empeorada, en palabras de Esmorís, porque no existen suficientes profesionales cualificados en el sector. El motivo, según explica, es la precariedad laboral que atraviesa el socorrismo en la actualidad, algo que dificulta la incorporación de nuevos efectivos y sobrecarga a quienes ya trabajan en las playas.

Un servicio para todo el verano

Por su parte, la concejala María González Calderín agradece la labor de la empresa Proactiva, encargada de la vigilancia de las playas del municipio. Recuerda que este servicio innovador estará disponible en Melenara durante todo el verano y que promete quedarse mucho más tiempo, pues, según declara Calderín, está dando muy buenos resultados en su labor de garantizar la seguridad de los usuarios que se bañan en los 23 kilómetros de playas con los que cuenta Telde.

La Provincia-Dlp

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