En el vídeo, Hidalgo también habla de la plantación de muchos árboles vinculada al entorno del proyecto. Un argumento que, cuanto menos, llama la atención. Habrá que saber si ese dato responde a una realidad verificable, si es una explicación construida para maquillar el impacto de la obra o si alguien de su propio partido, especialmente desde el área que llevó Parques y Jardines, le trasladó ese relato para justificar también el elevado consumo y la factura del agua en ese sector.
El consejero del Cabildo de Gran Canaria y exalcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo, ha dejado una reflexión política que no ha pasado desapercibida sobre la MetroGuagua, uno de los proyectos más polémicos de los últimos años en la capital grancanaria.
En un vídeo difundido en redes sociales, Hidalgo reconoce que “las fechas de la MetroGuagua no fueron adecuadas”, una frase que muchos interpretan como una admisión indirecta del enorme desgaste ciudadano provocado por años de obras, calles levantadas, desvíos, problemas de tráfico, perjuicios al comercio y cansancio vecinal.
Conviene recordar, para ser justos con la historia, que la idea inicial de la MetroGuagua nació en la etapa de Juan José Cardona como alcalde de Las Palmas de Gran Canaria. Ahora bien, quien puso en marcha un proyecto que nada tiene que ver con la idea original de Cardona, quien lo inició y lo convirtió en una obra real sobre la ciudad, fue Augusto Hidalgo.
Sin embargo, el exalcalde no se atreve a decir en el vídeo cuándo se terminará realmente la MetroGuagua ni cuál es el problema exacto por el que las obras están paralizadas o avanzan con tanta dificultad. Y esa es, precisamente, una de las grandes preguntas que siguen sin respuesta clara para muchos ciudadanos.
En el vídeo, Hidalgo también habla de la plantación de muchos árboles vinculada al entorno del proyecto. Un argumento que, cuanto menos, llama la atención. Habrá que saber si ese dato responde a una realidad verificable, si es una explicación construida para maquillar el impacto de la obra o si alguien de su propio partido, especialmente desde el área que llevó Parques y Jardines, le trasladó ese relato para justificar también el elevado consumo y la factura del agua en ese sector.
Porque una cosa es hablar de sostenibilidad urbana y otra muy distinta es convertir los árboles en coartada política cuando la ciudadanía sigue preguntándose por los retrasos, los costes, las obras paralizadas y las molestias acumuladas durante años.
Y claro, también queda otra pregunta inevitable: ¿qué dice ahora la actual alcaldesa de Las Palmas de Gran Canaria sobre lo que afirma su compañero de partido y anterior alcalde, el mismo que le dejó la papa caliente en pleno hervidero?
El Partido Popular de Gran Canaria, a través de su portavoz en el Ayuntamiento capitalino, Jimena Delgado, ya ha fijado posición. Delgado ha denunciado que la MetroGuagua “ha dejado de ser un proyecto de movilidad para convertirse en el mayor símbolo de la incapacidad del PSOE para gestionar la ciudad”.
La portavoz popular ha ido más allá y ha dejado la puerta abierta a paralizar el proyecto, aunque con una advertencia importante: solo después de conocer las posibles penalizaciones económicas y jurídicas que tendría cancelar la obra. Es decir, el PP no quiere actuar a ciegas, pero tampoco quiere seguir aceptando como inevitable un proyecto que, según Delgado, el PSOE ha llevado “al límite de la inviabilidad”.
La crítica llega tras conocerse que el Gobierno de Canarias reclama al Ayuntamiento la devolución de una subvención de 2023 vinculada al tramo de Parque Blanco, por un importe cercano al millón de euros, al no haberse ejecutado la partida concedida.
Para Jimena Delgado, esto confirma que la MetroGuagua, tal y como la han gestionado PSOE, Podemos y Nueva Canarias, es hoy un proyecto “profundamente deteriorado, sin dirección única, sin planificación real y sin garantías suficientes para los vecinos”.
El PP defiende que Las Palmas de Gran Canaria necesita un sistema de transporte público de alta capacidad, pero no un modelo “caótico, improvisado y propagandístico”. Por eso reclama una auditoría rigurosa, una oficina técnica única de gestión y una revisión completa de los tramos pendientes.
La MetroGuagua es, sin duda, una papa caliente. Pero precisamente por eso conviene actuar con cuidado. No puede convertirse simplemente en un arma política arrojadiza sin conocer antes las consecuencias que cualquier decisión puede tener para la ciudad, aquí y ahora.
Porque una cosa es criticar los retrasos, las molestias, los sobrecostes, la planificación o el desgaste ciudadano, y otra muy distinta es utilizar el proyecto como munición partidista sin valorar qué supone para la movilidad, para los fondos invertidos, para los contratos vivos y para el futuro de Las Palmas de Gran Canaria.
Todo apunta a que la MetroGuagua será uno de los grandes asuntos políticos de las próximas elecciones municipales de mayo de 2027. Un debate incómodo, inevitable y seguramente decisivo, porque no se hablará solo de una obra, sino de gestión, planificación, movilidad, dinero público, paciencia ciudadana y responsabilidad política.
Al final, la MetroGuagua se ha convertido en mucho más que un proyecto de transporte. Es ya el símbolo de una ciudad partida entre la promesa de modernidad, el hartazgo vecinal y las explicaciones que llegan tarde, incompletas y, en algunos casos, envueltas en demasiada jardinería política.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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