Cuando la realidad aprieta, la política responde. A veces tarde, a veces a medias, y en ocasiones obligada por la evidencia. Eso es exactamente lo que ha ocurrido tras la denuncia pública del estado de las instalaciones deportivas del IES Primero de Mayo, en Las Palmas de Gran Canaria.
Después de años de abandono denunciado por la comunidad educativa y visibilizado recientemente en ONDA GUANCHE, el consejero de Educación del Gobierno de Canarias, Poli Suárez, ha dado su versión.
Y la pregunta clave no es solo qué dice.
Es si lo que dice basta.
La respuesta institucional: promesas, trámites y plazos
Según ha trasladado el consejero, la situación del centro no es desconocida para la Consejería. Asegura que existen informes técnicos sobre el estado de las instalaciones y que se trabaja en una solución que pasaría por actuaciones de mejora o rehabilitación.
El discurso es el habitual en estos casos: reconocimiento del problema, referencia a estudios técnicos, promesas de actuación futura y apelación a los procedimientos administrativos.
En otras palabras: el problema existe, se está estudiando… y se actuará.
Pero sin fechas concretas.
Sin compromisos cerrados.
Y sin una intervención inmediata sobre una realidad que lleva casi una década deteriorándose.
Eso sí, el propio consejero ha añadido un elemento relevante: se ha comprometido a informar sobre la evolución de su gestión y las actuaciones que se vayan realizando en este centro.
Un compromiso que ahora pasa a ser clave. Porque informar no es solo comunicar: es rendir cuentas.
Diez años después, la urgencia no puede ser “técnica”
Aquí es donde el relato institucional empieza a hacer agua.
No estamos ante un problema reciente.
No estamos ante un imprevisto.
Estamos ante diez años de deterioro progresivo en un centro con más de 600 alumnos que no pueden desarrollar con normalidad la asignatura de Educación Física.
Por eso, cuando la respuesta se limita a informes y planificación, surge una duda razonable:
¿de verdad hace falta más diagnóstico para arreglar lo evidente?
Porque una cancha agrietada no necesita un estudio complejo.
Necesita una intervención.
Entre la gestión y la política
El consejero Poli Suárez también ha defendido la labor de su departamento, insistiendo en que se están priorizando actuaciones en distintos centros del archipiélago en función de las necesidades.
Un argumento comprensible… pero insuficiente para quienes llevan años esperando.
Porque priorizar no puede convertirse en aplazar indefinidamente.
Y menos cuando hablamos de condiciones básicas.
Aquí no se está pidiendo una obra faraónica.
Se está pidiendo dignidad.
El despiste competencial no puede servir de excusa
El consejero puede estar jugando al despiste, pero conviene aclarar algo importante: aunque el problema tenga una naturaleza específicamente deportiva, si la infraestructura afectada se encuentra dentro del recinto escolar —como pabellón, pistas polideportivas, patios o vestuarios del centro—, la competencia de mantenimiento, construcción o reparación recae generalmente en el área de Educación.
Por tanto, no hablamos de una instalación deportiva municipal externa, sino de un espacio integrado en un centro educativo. Y si el espacio forma parte del instituto, la Consejería de Educación no puede mirar hacia otro lado ni esconderse detrás de un laberinto competencial.
Aquí la pregunta vuelve a ser sencilla:
¿quién tiene que garantizar que los alumnos puedan hacer Educación Física en condiciones dignas?
La respuesta parece bastante clara.
La presión empieza a dar señales
Lo que sí parece claro es que la denuncia pública ha tenido un efecto inmediato: ha obligado a reaccionar.
Y eso abre otro debate incómodo.
Si no se denuncia, ¿no se actúa?
Si no hay presión, ¿no hay solución?
Porque si la respuesta llega después de la exposición mediática, la sensación que queda es que el problema no era invisible… era ignorado.
El papel de la corporación municipal
En paralelo, la presión también se traslada al ámbito local. La corporación del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria en pleno queda ahora ante un escenario claro: no basta con declaraciones, toca exigir.
Exigir a la Consejería de Educación que pase de las palabras a los hechos.
Exigir plazos concretos.
Exigir una actuación urgente.
Porque después de diez años, cualquier otra cosa suena a excusa.
La pregunta que sigue sin respuesta
La intervención del consejero aporta una cosa importante: reconoce el problema y se compromete a informar.
Pero deja sin resolver lo esencial:
¿cuándo se va a arreglar?
Sin fecha, sin compromiso firme y sin actuación inmediata, la respuesta corre el riesgo de convertirse en un capítulo más dentro de una larga lista de promesas.
En modo espera
Desde este momento nos ponemos en modo espera ante la respuesta y las gestiones del consejero Poli Suárez.
Le queda aproximadamente un año en el cargo antes de que llegue el tiempo electoral, ese periodo tan conocido en el que las promesas vuelven a florecer, las obras aparecen en los discursos y los problemas olvidados descubren de repente que también existen.
Por eso, más que palabras, hacen falta hechos.
El IES Primero de Mayo no necesita otra promesa para campaña.
Necesita una solución antes de que vuelva a empezar el teatro electoral.
Porque esto ya no va de explicaciones
El IES Primero de Mayo no necesita más explicaciones.
Necesita soluciones.
Porque mientras se habla de informes, prioridades, procedimientos, competencias y promesas, hay alumnos que siguen sin poder correr en una cancha digna.
Y eso, por mucho que se explique, no se justifica.
Juan Santana, periodista y locutor de radio
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