En Telde se anunció el cambio político, pero lo que ha llegado se parece más a una metamorfosis de recambio, a una renovación recauchutada donde muchos nombres cambian de sitio, pero las prácticas de fondo permanecen intactas.
Resulta difícil entender que determinados responsables públicos, ampliamente cuestionados por su gestión, terminen ocupando áreas de especial sensibilidad. Quien ayer fue señalado por su papel en el deterioro del Conjunto Histórico de San Juan aparece hoy vinculado a Patrimonio. Mientras tanto, quienes realmente sostienen buena parte del trabajo son otros: el gerente y los monitores de Gestel, una empresa municipal que merece una auditoría seria por su volumen económico, su función política y su capacidad para convertirse en espacio de colocación, propaganda institucional y silencios bien administrados.
Tenía razón Alejandro Castro cuando me decía en 1979 que en Telde “hasta los burros vuelan”. Aquel año, la UCD fue el grupo más votado, con 11 de los 25 concejales, y aun así quedó en la oposición. Dos concejales de derechas facilitaron entonces la alcaldía a Paco Santiago, que permaneció durante 24 años al frente del municipio y que probablemente se habría perpetuado aún más de no haber sido inhabilitado judicialmente por el caso Yrichen, hoy convertido en fundación cercana al Gobierno.
Un respeto a nuestros muertos
Si en Telde los responsables públicos —Gobierno y oposición— parecen incapaces de recuperar servicios básicos y mejorar el bienestar de los vivos, al menos deberían mostrar respeto por nuestros muertos.
Es difícil de explicar que, con el volumen económico que se maneja en Gestel, con reconocimientos extrajudiciales de crédito por decenas de millones, con más de cien millones en cuentas corrientes y con superávits anuales millonarios, no haya dinero para resolver problemas elementales en el cementerio de San Gregorio. No hablamos de grandes obras ni de promesas electorales: hablamos de evitar situaciones indignas que afectan directamente a las familias que tienen allí enterrados a sus seres queridos.
Tampoco es normal que muchas familias de Telde tengan que velar o incinerar a sus familiares en la capital grancanaria porque el concejal de Cementerios no ponga en marcha los servicios públicos del Tanatorio Municipal de Las Rubiesas. Hablamos de instalaciones que podrían funcionar sin coste para las arcas municipales y que permitirían ampliar salas, abrir aparcamientos, cafetería, floristería y otros servicios complementarios, además de generar empleo.
Gestel, los reconocimientos extrajudiciales y el silencio político
Telde sigue “adelante”, sí, pero con una empresa municipal que funciona como tapadera política y con un coladero de millones a través de reconocimientos extrajudiciales de crédito. El abuso de esta herramienta económica debería llamar la atención del Tribunal de Cuentas o, como mínimo, despertar a una oposición que parece instalada en el letargo.
Los servicios públicos deben adjudicarse mediante concursos públicos, con transparencia, fiscalización y libre concurrencia. Lo contrario abre la puerta al sobrecoste, al pago caprichoso y a la contratación recurrente de empresas afines. No puede ser que Telde siga sin presupuesto actualizado, abusando de los RCE y despilfarrando millones a través de Gestel, mientras no hay dinero para arreglar colegios que se caen a cachos o para afrontar el plan hidrológico que garantice el suministro de agua en Las Medianías, donde aún se sobrevive dependiendo del agua de un pozo situado en otro municipio.
Sueldos puntuales, servicios retrasados
Lo que sí ha ido adelante sin retraso durante estos últimos años es el pago de los macro-sueldos del alcalde, los concejales del Gobierno, los portavoces de la oposición y los 27 asesores. Todos han cobrado religiosamente entre los días 26 y 28 de cada mes, con 14 pagas anuales: desde los 63.000 euros del alcalde hasta los 45.000 euros de los concejales del Gobierno, con excepciones que superan los 52.000 euros anuales.
Mientras tanto, muchos asesores ni siquiera pisan sus centros de trabajo. Resulta surrealista que haya cargos de confianza que apenas aparecen, algunos incluso pasando gran parte del tiempo fuera de la isla. Conviene recordarles que sus sueldos no caen del cielo: los paga la ciudadanía de Telde.
Un pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. Y Telde parece empeñado en repetir una y otra vez los mismos errores: gobiernos que prometen regeneración, empresas públicas convertidas en instrumentos de poder, oposición acomodada y vecinos obligados a soportar la decadencia de los servicios básicos.
La política no puede consistir en colocarse, cobrar y callar. La política debe servir para resolver problemas. Y Telde tiene demasiados problemas urgentes como para seguir financiando privilegios, silencios y estructuras opacas.
Esto no es una lección de resentimiento. Es una lección gratis de pedagogía política.
De nada.
Manuel Ramón Santana
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