La dimisión de Sergio Ramos como senador, vicealcalde y presidente del PP local deja al partido sin rumbo claro en Telde, mientras los ciudadanos vuelven la mirada hacia Paco Valido.
En Telde ya sabemos que la política es un ring en el que unos aguantan golpes como si nada y otros caen por un simple mareo. Y ahí está el caso de Sergio Ramos Acosta, que decidió soltar de golpe el Senado, la Vicealcaldía de Telde, la Concejalía de Infraestructuras y Contratación… y de paso también la presidencia del PP en Telde. Vamos, que se bajó del barco con todo el equipaje.
No me malinterpreten: la salud va primero, nadie quiere ver a un político desplomarse en pleno salón de plenos —que para eso ya tenemos suficientes desplomes con las promesas incumplidas—. Pero en el Telde de los corrillos, la explicación oficial nunca se acepta sin darle una vuelta de tuerca. Y claro, los cafés de San Gregorio echaban humo: “¿De verdad alguien se va de Madrid, Telde y del PP local solo por unos mareíllos? ¿No habrá algo más detrás?”
Lo cierto es que Ramos se fue con la etiqueta limpia: ni un escándalo, ni una imputación, ni una factura rara en el cajón. Eso ya lo convierte en un espécimen casi en extinción en nuestra fauna política. Podía haberse tomado una baja, podía haberse quedado con un cargo y soltar otro, pero eligió cortar de raíz. Y en este país, donde a los sillones se agarran con Loctite, eso ya es noticia.
El contexto tampoco ayudaba: semanas antes de su renuncia le pintaron una diana en la casa y le dejaron una nota amenazante. Si a eso le sumas un médico diciendo “tiene que bajar el ritmo”, pues lo mismo Ramos pensó que la política le estaba saliendo más cara que el fisio.
Y claro, con su salida, el PP en Telde se ha quedado descabezado total, sin líder local visible y con la tropa política más perdida que un GPS sin cobertura en las medianías. Una organización que ya venía tocada, ahora se encuentra buscando brújula y capitán en plena tormenta.
El PP necesita alguien con experiencia, con cintura política y con humanidad, alguien que pueda atraer a los ciudadanos en las próximas elecciones y dar credibilidad a un partido que ahora mismo parece más un barco a la deriva que una opción de gobierno. Y en Telde, cuando los ciudadanos miran alrededor, ven a una persona que ya fue alcalde, que tiene la cercanía y la humanidad que la gente pide: Paco Valido.
Eso sí, otra cosa sería que a Paco Valido no le apetezca ir a unas elecciones con el PP. Porque Válido tiene su propio partido, y si al final decide volver, perfectamente podría hacerlo bajo sus propias siglas, sin necesidad de subirse al tren popular. En Telde, ya lo sabemos, nadie se casa con nadie: hoy te ves con unas siglas, mañana con otras, y pasado con las tuyas propias.
¿Es raro? Sí. ¿Es definitivo? Quién sabe. Aquí los políticos se jubilan y resucitan más rápido que los semáforos fundidos de San Gregorio. Hoy Ramos se despide con dignidad; mañana igual lo vemos encabezando otra lista electoral, “ya recuperado”.
Mientras tanto, queda la reflexión con sorna: “Mira tú, con lo que aguantan algunos en política, resulta que a Ramos lo tumban unos mareos… pues que comparta la receta, que más de uno lleva décadas mareando a los ciudadanos y no se baja ni a empujones.”
Juan Santana, periodista y locutor de radio


