martes, 18 mayo, 2021

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“De cuando la conciencia de Carmelo Ojeda se encontró con la memoria de Manuel Ramón”

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No fue un encuentro casual. Tampoco fue en un juzgado, ni en plena calle. Se dio en un lugar, mitad real, mitad ficticio, se dio en una nube llamada Opinión pública. La conciencia de Carmelo estaba contrariada, revuelta, enroñada en mil tribulaciones surgidas tras meses de pensar qué iba a hacer cuando tuviera que echar por tierra una trayectoria profesional de tantos años a los pies de Guillermo Reyes. La Memoria de Manuel Ramón sin embargo, se mostraba fresca, inmensa, capaz de hacer retornar del pasado cientos de detalles tenidos con Carmelo Ojeda, que no cabrían en mil discos duros. 

La conversación entre ambas iba desde el por qué al para quien, desde la vergüenza a la humillación a una velocidad de vértigo. A cada recuerdo de la memoria de Manuel Ramón un cachetón directo a la conciencia de Carmelo. Salían a relucir los años en que los mercenarios de las ondas regaban a unos cuantos miles de teldenses todo el vómito que una mente sucia ha demostrado poder idear para insultar, calumniar, difamar, herir, atormentar y aterrorizar a cientos de inocentes ciudadanos/as, cargos públicos y profesionales de todo tipo, entre ellos a Carmelo Ojeda. Y ahí estuvo Manuel Ramón para defenderlo, apoyarlo, solidarizarse y hasta servirle de freno a su lógica ira, dejó caer la memoria documentada de Manuel Ramón. Años duros en que hasta la familia Ojeda sufrió, como tantas otras. Fueron los años del plomo en Telde, en que unos miserables pusieron en duda las razones de su jubilación anticipada, la legalidad de su empresa, la honorabilidad profesional y la seriedad de su medio. Y ahí estuvo Manuel Ramón, peleando con uñas y dientes por el colega, casi amigo Carmelo.

Hay indígenas que se niegan a que les saquen fotos por miedo a que, dicen, ese flash les robe el espíritu. La memoria de Manuel Ramón se preguntaba en qué momento la conciencia de Carmelo habría recibido ese flash que le arrebató su espíritu de buena gente, de compañero, de persona agradecida, de luchador contra la golfería instalada en esta cada vez más aldea pitufa (en vez de ciudad) del reino. Por qué el Carmelo intelectual, licenciado, catedrático, hombre letrado y casi patricio de Telde, se había convertido en un “indígena” más, asustado, presionado, aterrorizado por quien tantas veces quiso y no pudo ser rey ni de su casa.

La conciencia de Carmelo durante tantos años tallada a fuerza de ejemplos y celebrada por gentes de todas las condiciones e ideologías se quebró hace apenas unas semanas, dejando paso a la decepción, el desengaño, la traición y el tantas veces requerido en esta ciudad, “si te he visto no me acuerdo”, “no me consta” y “yo no sabía”.

La memoria de Manuel Ramón sale de esta más clara, más grande, llena de valor y honra, de coraje y huevos. Sale mirando al pasado, al presente y seguro que con ganas de acumular en su cabeza más victorias o derrotas, pero seguro un buen lugar para su conciencia.

(*) Manuel Ramón Santana, natural de Telde es profesor especialista en Educación Especial, (Universidad de Burgos)

Florentino López Castro

Florentino López Castro

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